"Afinando mi coherencia"

Tengo un ritual que repito cada año.
Me gusta detenerme, observarme y preguntarme cómo quiero intencionar el año que comienza. Dónde quiero poner mi energía. Qué quiero cuidar. Qué necesito transformar.
No busco hacer una lista de objetivos. Busco, más bien, una dirección.
Y este año hubo una palabra que resonó más fuerte que las demás: "COHERENCIA"
¿Y por qué coherencia?
Para responder tengo que volver unos años atrás y hablarles de Carmencita, mi maestra de yoga, Carmen Ferreto.
Fue ella quien un día me presentó Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz.
Lo devoré. Literalmente.
Me fascinó desde el primer momento. Sus ideas parecían tan sencillas, tan claras, tan lógicas...
Y, al mismo tiempo, pensaba: ¡qué difícil llevar esto a la vida!

Los cuatro acuerdos que propone Ruiz son:
Sé impecable con tus palabras. No te tomes nada personalmente. No hagas suposiciones. Haz siempre lo máximo que puedas.
Cuatro frases que se leen en pocos segundos y que pueden llevarnos muchísimo tiempo aprender a vivir.
Hubo una que quedó resonando especialmente en mí: “Sé impecable con tus palabras.”
¿Qué significaba realmente?
¿Cuidar solamente lo que les decía a los demás? ¿O también prestar atención a las palabras que utilizaba conmigo misma? ¿A lo que decía que quería? ¿A aquello con lo que me comprometía? ¿A la distancia que podía existir entre mis palabras y mis acciones?
Sin darme cuenta, ese libro produjo en mí un punto de inflexión.
No porque de repente pudiera cumplir los cuatro acuerdos. Todo lo contrario. Me parecían dificilísimos.
Lo que sucedió fue algo mucho más importante: “empecé a observarme”.
Empecé a mirar mis hábitos: la manera en que me alimentaba, los libros que elegía leer, cómo organizaba mi casa, qué decidía estudiar, la energía y la actitud con las que iba a trabajar, mis relaciones.
Cosas pequeñas y cotidianas, que hasta ese momento quizás hacía casi automáticamente, empezaron a convertirse en decisiones.
Y ahí descubrí algo:
“la coherencia no se juega solamente en las grandes decisiones de nuestra vida. Se construye, sobre todo, en las pequeñas”.
Porque puedo decir que quiero cuidarme, pero después está la manera en que me alimento.
Puedo decir que quiero crecer, pero después está aquello con lo que elijo nutrir mi cabeza.
Puedo decir que necesito calma, pero después está el espacio que habito.
Puedo decir que quiero aprender, pero después está aquello a lo que decido dedicar mi tiempo.
Y entonces apareció una pregunta que todavía me acompaña:
¿Estoy poniendo mi energía en aquello que digo que es importante para mí?
Cuando vivimos divididos
Hay una imagen que siempre me resulta muy potente: una mente y un corazón unidos por las cuerdas de una guitarra, y unas manos intentando afinarlas.
Cada vez que la veo pienso en la coherencia.
Porque cuando lo que pensamos, lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos van en direcciones diferentes, “estamos divididos ”.
Y vivir divididos desgasta. Nos dispersa. Nos aleja de nuestro eje.
Para mí, la coherencia tiene que ver justamente con lo contrario: con lograr que mi corazón y mi mente puedan estar en sintonía, y que mis palabras, mis manos y mis pies acompañen esa misma dirección.
Pero hay algo importante: “coherencia no es rigidez”.
Ser coherente no significa quedar atada a lo que alguna vez pensé, dije o elegí.
Puedo cambiar de opinión. Revisar una decisión. Descubrir algo nuevo. Elegir otro camino.
De hecho, siento que la coherencia alimenta mi flexibilidad.
Porque me da un marco que me contiene. Un eje desde el cual puedo moverme y cambiar sin perderme a mí misma.
Y esa flexibilidad me permite “seguir creciendo interiormente”. Cuando corazón, mente y acciones vuelven a estar en sintonía, aparece en mí una sensación muy simple: “me siento en paz", porque no hay batallas internas.
Reafinarme
Claro que no siempre estamos afinados.
Por eso, cada tanto necesito alejarme un poco del ruido y volver a la naturaleza. Muchas veces lo hago en mis autoretiros en el Delta: el agua, el verde, el silencio, otro ritmo.

Un espacio para darme tiempo para leer, observarme, escribir y volver a escucharme. Volver a la naturaleza para volver a mi eje. Eso es, para mí, reafinarme.
Y como verás, Los cuatro acuerdos es uno de mis libros de cabecera. De esos a los que vuelvo todos los años.
Me pasa también con Ikigai —del que ya te hablé en otra publicación de este blog—.
¿Sabés para qué vuelvo? Para reafinarme.
Porque yo también cambio. Y una nueva lectura puede encontrarme con otras preguntas, otras prioridades, otro momento de mi vida.
Volver a estos libros me ayuda a escuchar cómo están mis cuerdas y a recuperar mi sintonía.
Por eso, si estás pensando qué libro llevar en tus próximas vacaciones, éste es uno de mis elegidos:
Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz.
No para encontrar respuestas mágicas.
Quizás, simplemente, para hacer una pausa, escucharte y preguntarte qué está resonando hoy en vos.
Una invitación para tu propio autoretiro
Y antes de terminar quiero dejarte algo más.
Así como yo aprovecho mis autoretiros para bajar el ruido, observarme y volver a mi eje, preparé una visualización guiada de 5 minutos: “Afinando la coherencia”.
Una invitación a regalarte unos minutos para respirar, escucharte y observar cómo están hoy tus cuerdas.
Y no hace falta irte lejos para hacer tu propio autoretiro.
Puede ser en tu misma casa.
Podes preparar ese lugar con un sahumerio, una música que te conecte con vos, la luz apropiada, quizás un almohadón, una manta o simplemente ese rincón que sientas tuyo.
Porque ese espacio también lo vamos construyendo (por fuera y por dentro).
A veces no se trata de encontrar el lugar perfecto, sino de crear las condiciones para detenernos, bajar el ruido y encontrarnos con nosotros mismos.
Te dejo acá la visualización para acompañarte en ese momento. [ESCUCHAR “AFINANDO LA COHERENCIA”] https://youtu.be/fLPYty3NN1g
Y quizás, antes de comenzar, simplemente te invito a preguntarte:
¿Cómo están hoy mis cuerdas?
Sin juzgar.
Sin buscar que todo esté perfectamente afinado.
Sólo escuchándote.
Y si sentís que alguna cuerda necesita un pequeño ajuste...quizás éste sea un lindo momento para REAFINARTE!
Te espero en el mat o en la silla.
Namaste!
Marce.




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