<<¿Año NUEVO o año VIEJO conocido? ¿Qué elegís para el 2026? >>
- yogacreciendo
- 23 ene
- 3 Min. de lectura

Hay una pregunta que me vuelve cada enero como un eco suave, pero insistente.
Tal vez a vos también te pase lo mismo: ¿de verdad empieza algo nuevo…o sólo cambia el número del calendario?
Sergio Sinay lo dice con una claridad impecable:
“Que un nuevo año sea un año nuevo depende de uno: no todo el mundo tiene un nuevo año después de Año Nuevo.”
Cuando leo esa frase, algo me hace ruido por dentro. Porque no habla del tiempo que pasa, sino del modo en que nos pasamos a nosotros mismos de un año a otro.
Muchas veces entramos al año nuevo con las mismas prisas, las mismas respuestas automáticas, los mismos gestos aprendidos. Cambia la hoja del almanaque, pero no siempre cambia la manera en que miramos, sentimos, ELEGIMOS. Y entonces, sin darnos cuenta, un año que prometía ser nuevo arranca con nombre nuevo, pero con gestos de siempre.
¿Te sentís identificado/a?
Y ahí… me surge otra pregunta.
¿Por qué nos pasa esto?
Porque repetir es humano.
Repetimos incluso cuando sabemos que algo no nos hace bien. No importa si es bueno o malo: la repetición es una tendencia natural.
La palabra repetir guarda un secreto en su raíz: re-petere, volver a pedir, volver a intentar.¿Pedir qué? Pedirnos más lucidez. Más claridad. Más honestidad. Más presencia.
Repetimos porque algo en nosotros todavía no fue visto.
Un patrón de acción.
Un modo de pensar.
Una forma de sentir.
Y mientras no lo vemos, el círculo se cierra una y otra vez las mismas reacciones frente a los mismos estímulos, el mismo cuerpo acelerado, la misma mente adelantándose a todo, el mismo corazón sin TIEMPO.
VER… es iniciar "un proceso".
Ver no es juzgar.
Ver no es corregir de inmediato.
Ver es "darse cuenta".
Y darse cuenta requiere algo que hoy parece escaso y, sin embargo, es profundamente revolucionario: tiempo.
Tiempo para ir más lento.
Tiempo para sentir qué pasa cuando no apuramos.
Tiempo para observar qué emerge cuando no reaccionamos enseguida.
En la práctica —y también en las clases— eso es lo que venimos practicando: la lentitud no como obstáculo, sino como umbral.
Ir más despacio para "ELEGIR MEJOR". Mover el cuerpo con atención para escuchar lo que normalmente se pierde en la velocidad.
Porque cuando el cuerpo desacelera, la mente deja de correr delante de la experiencia. Y cuando eso sucede, aparece algo nuevo: presencia.
Del círculo… a la espiral
A veces pasa algo casi imperceptible. Un día reaccionas distinto ante lo mismo de siempre.
Y la pregunta aparece sola:
¿Este soy yo? Sí.
Esta también sos vos. La versión que pudiste elegir distinto porque te diste tiempo.
Ahí el círculo deja de ser cárcel y se vuelve espiral. Seguís pasando por lugares conocidos, pero desde otro nivel de conciencia. No para repetirte, sino para integrarte.
La amabilidad… como práctica
Nada de esto sucede desde la exigencia. Ningún proceso profundo nace del maltrato interno.
Darse cuenta también implica tratarnos con ternura. Con paciencia. Con una amabilidad que muchas veces no es nuestra primera reacción.
Elegir ir lento.
Elegir observar sin apurarse a cambiar.
Elegir acompañarse mientras algo se va gestando.
Eso también es práctica.
Elegir un año verdaderamente NUEVO.
Un año nuevo no empieza solo. Empieza cuando vos ELEGÍS.
Elegís trabajar sobre vos.
Elegís no firmar contrato con una vida usada.
Elegís no repetirte sin aprender.
Ningún cambio de calendario modifica las circunstancias, pero sí las transforma el propósito de liberarnos de lo condicionado. De acompañar a otros en ese camino y dejarnos acompañar. De vivir con más conciencia lo que ya está.
Tal vez en el 2026 no necesitas grandes promesas. Tal vez necesites algo más simple y más profundo:
Ir más lento
Mirar con conciencia
Sentir con más honestidad
Darnos tiempo
Ser amables con nosotros mismos
Y desde ahí, ELEGIR.
Porque un año nuevo no se impone. "Se habita".
¿Te animás? Te acompaño en el mat 🤍
Te leo en yogacreciendo@gmail.com o @yogacreciendo
Y si te gustó, no dejes de compartirlo.
Namasté.
Marce.




Comentarios