SVADHYAYA: “el momento en que empecé a mirarme de verdad”
- 25 may
- 4 min de lectura

Hay palabras que llegan a nuestra vida para quedarse. Palabras que no aparecen solamente como un concepto o una enseñanza, sino como “una llave”: un antes y un después. Eso fue Svadhyaya para mí.
Cuando comenzó este año, sentí profundamente la necesidad de compartir en las clases de yoga, una herramienta para “transformar”. Desde el deseo honesto de comprenderse más. De dejar de correr en automático. De dejar de repetir ciertas formas de vivir, sentir y reaccionar.
Y ahí apareció Svadhyaya.
Dentro de los Yamas y Niyamas del yoga, suele traducirse como autoconocimiento, autoestudio o la observación de un@ mism@. Pero cuando empezamos a atravesarlo de verdad, entendemos que no se trata solamente de “mirar hacia adentro”.
Se trata de… ANIMARNOS A VER.
¿Y qué ver…?
· Ver nuestras repeticiones.
· Nuestros mecanismos.
· Las historias que nos contamos.
· Las emociones que evitamos sentir.
· Las rotondas emocionales donde damos vueltas una y otra vez sin encontrar la salida.
Porque muchas veces creemos que el problema está afuera. En los otros. En lo que no sucede. En lo que falta.
Pero Svadhyaya aparece para preguntarnos algo mucho más profundo: ¿Qué parte de mí sigue sosteniendo aquello de lo que quiero salir?
Y esa pregunta… “transforma”. No siempre de inmediato. No siempre de manera cómoda.
Recuerdo que cuando empecé a profundizar en esta práctica, algo dentro mío se movió. Empecé a observarme en situaciones cotidianas. En mis reacciones. En mis silencios. En aquello que me molestaba de otros y que, muchas veces, hablaba más de mí que del otro.
Y aunque al principio incomoda, también libera.
Porque el autoconocimiento no viene a castigarnos. Viene a iluminarnos.
Nos permite reconocer patrones que repetimos hace años. Formas automáticas de vincularnos. Exigencias internas que naturalizamos. Heridas desde donde seguimos reaccionando. Y cuando algo se hace consciente… empieza lentamente a “transformarse”.
Por eso elegí Svadhyaya como “guía para este año yoguico”. Porque sentí que era un gran habilitador. La puerta que abre todas las demás puertas.
Porque no puedo transformar aquello que no veo. No puedo sanar lo que sigo negando. No puedo construir un puente nuevo si continúo caminando en círculos dentro de la misma rotonda.
Y en ese camino, Svadhyaya fue tomando distintas formas.
Porque el autoconocimiento no sucede solamente cuando pensamos sobre nosotr@s mism@s. Sucede, sobre todo, cuando empezamos a habitar la experiencia con presencia.
Este año fuimos explorando distintos Svadhyaya:
El Svadhyaya del “estar”. Aprender a permanecer. A no escapar constantemente hacia lo que sigue. A habitar el presente aunque incomode.
El Svadhyaya del “escuchar”. Escuchar el cuerpo. Escuchar el silencio. Escuchar aquello que aparece por debajo del ruido mental.
El Svadhyaya de “observarme en la acción”. Descubrir cómo reacciono frente a lo cotidiano. Cómo hablo, cómo respondo, cómo me vinculo.
El Svadhyaya de “responder en vez de reaccionar”. Generar un espacio interno antes del impulso automático. Elegir con más conciencia.
El Svadyaya del “sentir”. Animarnos a atravesar nuestras emociones sin querer taparlas, corregirlas o evitarlas.
Y vamos a continuar el año explorando en las clases de yoga:
El Svadhyaya de “reconocer patrones”. Esas historias repetidas. Esos lugares donde volvemos una y otra vez aunque ya sepamos que nos duelen.
El Svadhyaya de “silenciar”. Bajar el ruido externo para poder escuchar la voz más íntima.
El Svadhyaya de “sostenerme”. Poder quedarme conmigo incluso en los días difíciles. Sin abandonarme emocionalmente.
Y quizás uno de los más importantes: “el Svadhyaya de tratarme bien”. Hablarme con más amor. Con más paciencia. Con más compasión.
Porque también eso es yoga.
Y ahí entendí algo fundamental: “El verdadero autoconocimiento no debería alejarnos de nosotr@s mism@s. Debería acercarnos más a nuestra esencia”.
Te comparto algunas preguntas para acompañar este camino
Tal vez no tengas todas las respuestas ahora. Y está más que bien. Pero quizás puedas empezar por preguntarte:
¿Qué situaciones se repiten una y otra vez en mi vida?
¿Qué emociones me cuesta sostener?
¿En qué momentos reacciono en automático?
¿Qué parte de mí necesita ser mirada con más amor?
¿Estoy viviendo desde mi verdad… o desde lo que aprendí que debía ser?
A veces, una sola pregunta sincera puede abrir “un camino entero”.
La práctica como PUENTE.
Durante este año, cada práctica, cada encuentro y cada respiración compartida tiene una “intención silenciosa: acercarnos un poco más a nosotr@s mism@s, a nuestra esencia”.
Porque el yoga no es solamente lo que sucede sobre el mat. Es lo que empieza a revelarse después.
En la forma en que nos hablamos. En cómo habitamos nuestros vínculos. En cómo atravesamos el miedo, el deseo, el cambio y la vida cotidiana.
Svadhyaya nos invita justamente a eso: a convertir la práctica en un espejo amoroso.
No para buscar perfección. Sino PRESENCIA. Y quizás ahí esté la verdadera “transformación”. No en convertirnos en alguien distinto…sino en recordar quiénes somos cuando dejamos de vivir dormid@s en nuestros propios automatismos.
Porque no puedo construir un puente nuevo si continúo caminando en círculos dentro de la misma rotonda.
Ojalá este año siga regalándonos espacios para mirarnos con más verdad, más conciencia y más compasión. Que cada práctica sea una oportunidad para volver a nosotr@s. Para escucharnos más profundamente. Para sostenernos mejor. Para responder con más conciencia y tratarnos con más amor.
Tal vez el camino del yoga empiece exactamente ahí: “en el momento en que nos animamos a mirarnos de verdad. Y desde ese lugar… empezar a CAMINAR DISTINTO”. ¿Me acompañas?
Namasté
Marce




Comentarios